Queridos amigos, hoy les comparto la historia de cómo este bello angelito llegó a mi vida. Mia, ese es el nombre que le puse a la cuarta integrante de la familia. Era uno de esos días llenos de lluvia cuando decidí ir a comprar frutas por la noche, en realidad algo inusual; sin embargo, era como un llamado que no podía esperar, pues ese día necesitaba deleitarme con unas chirimoyas. Recuerdo claramente que caminé casi 10 cuadras para poder encontrar esa fruta.
Justo debajo del triciclo del señor que vendía las frutas estaba ella, una peludita, diminuta y frágil perrita muy mojada por la lluvia. Era muy pequeñita, temblaba tanto que ni siquiera ladraba de lo débil que estaba. Cuando se cayeron unas monedas, fui a recogerlas y pude verla. Mis ojos se me llenaron de lágrimas al ver esa imagen que nunca olvidaré. Sus ojitos hablaban y me gritaban que no la dejara morir.
No dudé ni un segundo; la cogí entre mis brazos, abrigándola inmediatamente. La llevé a mi casa sin pensarlo dos veces; solo quería secarla y darle de comer para que pudiera salvarse. Me preguntaba muchas veces en silencio cómo era posible que existiera tanta maldad humana que deja así a sus mascotas; sin embargo, Mia solo miraba y movía su colita, agradeciendo lo que hacía por ella. Fue ardua su recuperación, pero no imposible; ahora es una bella perrita, la cual llena mis días de amor y acciones llenas de ternura.
Así como Mia, hay muchas mascotas esperando una oportunidad; ¿podrías sumarte a poder ayudarlos? Si te gustó la historia de cómo encontré a Mia, compártenos y cuéntanos la historia de cómo llegó a tu vida tu peludito; estoy segura de que está llena de ternura, siendo inolvidable ese bello momento.




