El Callao te recibe temprano con ese frío del muelle que te congela la nariz, pero con un movimiento en el puerto que ya está a mil por hora. Para empezar el día como se debe, la primera parada es el Mercado Central del Callao, directo al puesto de Jano Loo. Si ves cola, ni te preocupes, vale totalmente la pena esperar por ese pan con chicharrón bien taipá: la carne sale jugosísima, el pellejo bien crocante y con su camote frito para equilibrar el asunto. Ahora, si tu cuerpo pide pescadito desde temprano para activar las neuronas, arranca de frente a Chucuito a buscar a Don Giuseppe. Su pan con pejerrey arrebozado es de otro planeta; te lo sirven doradito, súper tierno y limpio de espinas, ideal para bajarlo con un café pasadito bien caliente. Con su buena porción de salsa criolla y harto ají limo para que pique rico, este desayuno te deja listo para patear la calle con la verdadera batería chalaca.
Para el almuerzo, cuando el solazo ya empieza a quemar y el cuerpo te pide mar a gritos, el rumbo fijo es meterse a Chacarita para buscar Muelle 29. Este huarique arrancó de la nada en una cochera y hoy se para bien gracias a un platazo que la rompe: su famosa pota anticuchera. Olvídate un rato del ceviche de siempre; aquí la pota te la sirven recontra suave, jugosa y con ese gustito ahumado del carbón mezclado con un aderezo secreto que es pura sabrosura. El ambiente adentro es una verdadera jarana chalaca: salsa potente sonando de fondo, platos bien taipá que te llenan el ojo y un pescado tan fresco que se nota que el terminal pesquero les queda a la vuelta de la esquina.
Muchos cometen el error de pensar que en el Callao todo se acaba cuando se oculta el sol, pero la noche en el puerto tiene otra mística y se disfruta con comida contundente. Para cerrar el día como se debe, el punto fijo es ir a buscar los sándwiches brutales de Farrukitos House. Este rincón es un verdadero salvavidas nocturno donde el olor a carne a la plancha te jala desde la esquina. Sentarte ahí a meterle diente a una de sus hamburguesas bien taipá o a un sándwich criminal con harto queso derretido y sus cremas bien power es la verdadera esencia del bajón chalaco. Es una experiencia real, sin filtros, que te demuestra que en el primer puerto se come espectacular a cualquier hora de la noche.




