Cuando sentí que Dios no me escuchaba
Desde pequeña creí en Dios. Para mí era alguien bueno que podía ayudarme cuando lo necesitaba. Sin embargo, mi relación con Él estaba muy relacionada con las costumbres de mi familia. Todo cambió cuando mi mamá enfermó. Empecé a orar con más fe que nunca, pidiéndole a Dios que la sanara. De verdad creía que mi mamá se recuperaría y que todo estaría bien.
Cuando recibí la noticia de su fallecimiento, sentí que mi mundo se venía abajo. No podía creerlo. Incluso durante el entierro seguía esperando que ocurriera algo que me devolviera a mi mamá. Pero tuve que enfrentar la realidad de que ya no volvería a verla. Me enojé con Dios porque no entendía por qué no había respondido mis oraciones. Sentía que le había pedido algo con todo mi corazón y que, aun así, no me había escuchado. Dejé de orar y llegué a pensar que no quería tener nada que ver con Él.
Con el tiempo me mudé a Lima para estudiar y trabajar. Allí conocí a personas que vivían su fe de una manera diferente a la que yo había conocido. Al principio no quería acercarme a Dios, pero poco a poco empecé a escucharlas y a reflexionar sobre lo que me decían. Me llamó la atención que buscaran a Dios con tanta sinceridad y que me escucharan sin hacerme sentir que tenía que ser perfecta. Empecé a comprender que mi relación con Dios podía ir más allá de las costumbres y las reglas.
Eso no significa que haya dejado de extrañar a mi mamá. Todavía hay días en los que su ausencia me duele muchísimo. Hasta hoy no sé exactamente por qué Dios permitió que falleciera, y no voy a fingir que tengo una respuesta. La diferencia es que ahora, cuando me siento triste, busco a Dios, oro y lloro si lo necesito. A veces, después de llorar, encuentro paz. Estoy aprendiendo a vivir con su ausencia, aunque hay momentos en los que vuelvo a sentir su falta con la misma intensidad.
Esta experiencia también me enseñó algo sobre cómo tratar a las personas que están sufriendo. Cuando alguien pierde a una persona importante, no siempre necesita que le expliquen por qué sucedió o que le digan que todo pasa por algo. A veces necesita que alguien le pregunte cómo está, que la escuche y que le demuestre que realmente le importa. Eso era lo que yo necesitaba cuando falleció mi mamá. Hoy sigo teniendo preguntas, pero estoy aprendiendo a confiar en Dios sin comprenderlo todo. Y si algo quisiera compartir con alguien que está pasando por un momento difícil, es que no debemos apresurarnos a juzgar el dolor de los demás: primero, aprendamos a acompañarlos.

Créditos: Thoughtful woman – Pixabay

Créditos: Book Books Glass – Pixabay

Créditos: Waldryano – pixabay

Créditos: gmkwon – Pixabay.
