
Un fenómeno previsible continúa azotando al país cada vez que llega: el Fenómeno del Niño demuestra ser una catástrofe climática que atenta contra la vida de las personas que viven cerca a cuerpos de agua, destruye el flujo económico de las personas, y produce cambios en el ambiente que afectan la biodiversidad.
Es mi pensar que no hay duda de que esos son los temas más importantes con respecto a este evento climático: la vida de las personas viene primero. Pero, como parte de lo que afecta a las personas es la economía, quiero enfocarme en el efecto que ha tenido en la industria textil el hecho de no tener invierno.
Las campañas siempre inician meses antes de la producción de las prendas. Un empresario empieza por reunir materia prima, fuerza de trabajo, e incluso adelanta el diseño de modelos. Esa es la realidad del trabajo al que nos dedicamos. Y fue lo mismo para los meses de antes de la temporada otoño-invierno. Una inversión en materias específicas para la usual ola de frío y lluvias que azotan la siempre gris capital.
Pero no fue así. Empresarios de Gamarra empezaron a reportar pérdidas al inicio de la campaña, que ascenderían a los 600 millones de soles. Prendas de vestir, rollos de tela, importaciones hechas con antelación, todas tendrían que esperar al menos un año entero para poder ser usadas. Eso si tienen una vida útil tan larga. El sol derritió la campaña de invierno. El Niño nos la hizo otra vez.
Había pasado hace un par de años. Tal vez no aprendimos. Tal vez esperamos que no vuelva a pasar. El deseo de emprender nos jugó en contra. Y tal vez no tuvimos a alguien más que culpar que a nosotros mismos. Nadie nos puede culpar. ¿Qué empresario textil espera tener que estar pegado al servício meterológico para saber como invertir?
Tal vez debemos empezar a hacer eso mismo.
