César y el precio de no convertirse en Koba

Hola, ¿cómo estás? Si llegaste hasta aquí, lo más probable es que ya hayas visto alguna de las películas de la nueva trilogía de El planeta de los simios, o que estés a punto de hacerlo. Te aviso de una vez: voy a hablar de las tres, así que hay spoilers. Si todavía no las ves, guarda esta página y vuelve después.

Voy directo a mi opinión: César es uno de los mejores personajes que ha dado la ciencia ficción en el cine reciente, y no lo digo por los efectos visuales, que son impresionantes, claro. Lo digo porque su historia es la de alguien que empieza como una mascota, termina como líder de su propia tribu y, en el camino, casi se pierde a sí mismo. Ese “casi” es lo que más me gusta. Desde pequeño me atraen las historias de acción donde el personaje cambia por dentro, y pocas lo hacen tan bien como esta.

Todo parte en El origen del planeta de los simios (2011), dirigida por Rupert Wyatt. César crece en casa de Will, un científico, y se convierte casi en un hijo más de la familia. Lo que me interesa de esa primera película no es la rebelión final, sino la relación entre César y su dueño. Hay cariño de verdad, pero también una jerarquía que nunca se discute: Will decide dónde vive César, cuándo sale y qué puede hacer. Cuando César defiende a Charles, el padre de Will, y termina encerrado en un refugio, entiende que su hogar nunca fue del todo suyo. Esa mezcla de afecto y control es, para mí, lo que más pesa en todo lo que viene después, porque César no odia a los humanos: los conoce.

En El amanecer del planeta de los simios (2014), Matt Reeves pone frente a César a su mejor contrincante, y no es un humano. Es Koba, un simio que sí sufrió experimentos y que no confía en nadie con dos piernas. Lo que me parece valioso es que la película no lo trata como un villano de caricatura. Koba tiene razones, tiene heridas y tiene miedo, y mucho de lo que dice suena lógico. César apuesta por la convivencia; Koba, por la venganza. En ese momento parece una pelea entre un bueno y un malo, pero la trilogía estaba plantando algo más incómodo: la semilla de Koba también puede crecer en César.

Esa semilla florece en La guerra del planeta de los simios (2017), y aquí es donde la historia se vuelve grande. César pierde a su esposa y a su hijo mayor a manos del Coronel, y sale a vengarse. Muchos dicen que la película es lenta, pero yo creo que esa lentitud es necesaria, porque deja ver cómo la rabia le va ganando terreno a un líder que antes pensaba antes de actuar. La redención de César no llega porque alguien lo perdone. Llega cuando se da cuenta de que se está pareciendo a Koba, se detiene y vuelve a poner a su tribu por delante de su dolor. Para mí, eso es redimirse de verdad: no borrar lo que hiciste, sino elegir otra cosa justo cuando más te cuesta.

Por eso, cada vez que veo una película de acción donde el protagonista se venga, todo sale bien y los créditos empiezan a rodar con música épica, me acuerdo de César y pienso que el cine casi nunca se atreve a cobrarle a un héroe lo que cuesta ese camino. Esta trilogía sí lo hizo, y lo hizo con un personaje que ni siquiera habla como nosotros. Me queda una pregunta para ti: ¿cuándo fue la última vez que una película de acción te hizo dudar de la venganza?

Cuéntame en los comentarios si eres más de César o, aunque te cueste admitirlo, un poquito de Koba. Gracias por leer hasta el final, y si algún día vuelves a ver la trilogía, fíjate en la mirada de César en la última película. Cuenta más que cualquier diálogo. Un abrazo.

Autor: Junior La Rosa Maldonado

Soy una persona la cual le encanta rodearse de amigos y seres queridos, soy muy social me gusta trabajar en equipo, soy extrovertido y me gusta mucho los videojuegos y los deportes, además soy estudiante de comunicaciones y con experiencia en todo lo que es digital, soy amante de las peliculas de todo tipo y de la musica, y por ultimo, me gusta cocinar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *